El mito colombiano de Juan Machete

Este es un mito muy popular en las zonas rurales de Colombia, que sigue hasta nuestros días. Es la historia de un hombre muy codicioso, que dio todo para hacerse rico.

El mito de Juan Machete es uno de los más conocidos en Colombia. En él, se narra la vida de un hombre con el deseo ferviente de convertirse el más rico y poderoso de la región que habitaba (las tierras de la Macarena). Su nombre era Juan, algunos mencionan que se apellidaba Ortiz; sin embargo, puede no ser auténtica la veracidad de los apellidos que se le han otorgado a lo largo de la historia.

Mito de Juan Machete (toro)

Este hombre, codicioso, decidió realizar un pacto con el diablo para poder cumplir su cometido. En dicho pacto, Juan Machete entregaría a su esposa y a sus hijos a cambio de recibir incontable dinero, tierras y cientos de cabezas de ganado. El diablo mandó a Juan a coserle los ojos a una gallina y a un sapo que el mismo tendría que capturar, para después enterrarlos con vida a medianoche en un Viernes Santo. El ambicioso hombre cumplió con lo mandado por Satanás y tras unos días, comenzó a ver cómo su riqueza comenzaba a acrecentarse.


Cierto día, al despertarse de madrugada, Juan Machete ensilló su caballo y salió a recorrer sus tierras. En ellas divisó un gran toro de color negro (lo cual decían los pobladores era de mala suerte o una señal del diablo); sin embargo, Juan Machete no le prestó atención y siguió su camino. A mediodía volvió a divisar al toro, esta vez cerca de su casa, pero de nuevo decidió ignorarlo. Al siguiente día, al levantarse, el toro continuaba ahí.

Días después, Juan Machete se percató que en sus tierras había gran cantidad de reces; además que el toro negro había desaparecido.

Por mucho tiempo todo fue bien para este hombre, pero un día, tan rápido como la riqueza había llegado, se marchó. El ganado desapareció y el dinero también, dejando a Juan Machete en la miseria. Los pobladores dicen que Juan Machete, arrepentido, dejó el pueblo y se internó en la selva. Nadie supo nunca más de él.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *