Mito de la perdiz y los huevos

Mito de la perdiz y los huevos

En la región Norte del Perú nace el mito de la perdiz, un ave originaria del lugar que es muy famosa por sus huevos. De acuerdo con los relatos orales que han sido recogidos, el mito comienza con unos niños pastorcitos. Como es propio de esta zona del país, desde muy chicos los niños trabajan en el campo. Así que en cierta ocasión dos hermanos salieron con sus ovejas, los animalitos pastaban felices. Mientras tanto, los chicos corrían entre los pastizales y brincaban y daban vueltas de carro. Entre tanta diversión descuidaron el almuerzo que la mama les había preparado con esmero.

El mito de la perdiz nos cuenta por qué comemos sus huevos

Después de pasar un rato jugando, los hermanos pastores tuvieron hambre pero no el almuerzo había desaparecido. Debido a que los niños no hicieron caso a los consejos de no jugar mientras trabajan ahora ya no tenían comida. Con mucha hambre, los muchachos buscaron entre las piedras, entre los pastos. Estaban muy resignados porque tal vez un perro salvaje había tomado la comida. Sin embargo, cuando reunían al rebaño vieron delante de ellos a una perdiz con dos polluelos. Los pastorcitos los persiguieron comerlos, según cuenta el mito de la perdiz.


Dice el mito de la perdiz que cuando atraparon a los polluelos, la perdiz habló e imploró que no los comieran. Los muchachos no podían creer que un ave pudiera hablar, cosa que los asustó mucho. Cuando estuvieron a punto de salir corriendo, el ave madre de los polluelos les propuso un trato. A cambio de comer a los pajaritos ella les mostraría un lugar repleto con nidos de perdiz. Sin otra alternativa los niños aceptaron. En seguida, la perdiz cumplió su palabra y los pastores recogieron los huevos de un solo nido. Desde entonces, los hombres no comen los polluelos de perdiz sólo sus huevos.

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