Mito africano el lobo y el árbol parlante

Este es un mito africano que cuenta la historia de un lobo y un milagroso árbol que hablaba, donde el lobo aprovechándose de los poderes del árbol les tendió una trampa a los demás animales del lugar hasta que él mismo cayó en su propia trampa.

Entre los fantásticos mitos del África, nos llega uno que destaca por un ser milagroso que lo protagoniza: se trata del árbol que habla y que alguna vez sirvió de cómplice a un lobo. Según cuentan en algunas aldeas, una vez existió un lobo en la selva. Este animal no tenía de espectacular, con dificultades conseguía su alimento cada tercer día. En una de los tantos paseos en busca de comida, se internó en el bosque y encontró un árbol de rareza singular. El árbol en cuestión tenía muchas caras en cada una de sus hojas y parecía que hablaban.

El perverso lobo

Ante semejante portento, el lobo quedó embelesado. Se acercó cada vez más, hasta que pudo escuchar las voces del árbol. Se quedó asombrado y dijo: “nunca he visto un árbol hablante”. Acto seguido, el lobo fue golpeado por algo que no pude ver y cayó inconsciente. Cuando despertó, luego de unos minutos u horas, se levantó y salió corriendo del lugar. Aunque en el principio estuvo asustado, el lobo pensó que el árbol hablante le podía ser de mucha utilidad.


Al día siguiente, el lobo encontró un antílope que pastaba en la sabana y le contó la historia del árbol maravilloso. Sin mucho problema convenció al enorme antílope de ir al lugar de tal portento. Mientras caminaban, el lobo advirtió al ingenuo animal que si no repetía las palabras “nunca he visto un árbol hablante”, moriría en el acto. Una vez frente al árbol de las mil voces, el antílope quedó estupefacto y dijo las palabras del lobo; inmediatamente algo invisible lo golpeó y cayo inconsciente. Qué buena suerte, el plan de lobo había funcionado; cargó con el animal, llegó a casa y se dio un festín.

El árbol que asesinaba

En lo sucesivo, el lobo repitió su plan con un venado, con una tortuga, un jabalí y hasta un ciervo. El plan de lobo era simple pero eficaz, todos eran incrédulos y acompañaban al animal embustero hasta la trampa, donde todos caían inconscientes y eran devorados. Nunca antes el lobo había comido tan bien, incluso comenzaba a engordar. Así pues, el lobo creía que se daría banquetes por el resto de su vida, hasta que se encontró con una sonsa liebre.

En una tarde, mientras buscaba víctimas, el lobo encontró a una liebre regordeta y le contó el misterio del árbol parlante. Justo como había pasado con el resto de animales, esta se dispuso también a visitar el santuario del árbol parlanchín. Mientas caminaban el lobo le advertía que debía decir las palabras “nunca he visto un árbol hablante”, si no quería morir. El problema era que la libre olvidaba aquellas palabras, porque era muy distraída; así que fueron repitiendo la oración hasta que llegaron a los aposentos del árbol vociferador.


La liebre resultó ser astuta

Una vez enfrente del majestuoso árbol, la liebre quedó sorprendida. De inmediato esta dijo “qué gran árbol”, pero no pasó nada. ― ¡Esas no son las palabras!―dijo el lobo. Ahora la liebre pronunció “qué gran árbol”, “árbol grandioso”; pero no pasó nada. ― ¡Nunca he visto un árbol hablante!, esas son las… No terminó de hablar cuando el lobo fue golpeado y cayó inconsciente. La liebre comprendió que el perverso plan del lobo y salió corriendo para contarles a todos las animales. Desde ese día el lobo volvió a pasar hambre y el árbol no hizo más daño a nadie.

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